Para abordar este fenómeno, es crucial entender que el tránsito y la movilidad urbana no son sinónimos

  • El Tránsito: Se limita a la faz operativa y normativa. Se ocupa de las velocidades permitidas, las prioridades de paso, la señalización y el régimen de sanciones. Es, en esencia, el ordenamiento de los vehículos en la vía pública.
  • La Movilidad Urbana: Es un concepto sistémico. Analiza cómo se desplazan las personas, qué medios eligen y cómo estos se integran al diseño de la ciudad. Pregunta qué alternativas de transporte se fomentan y cuáles se desalientan para mejorar la calidad de vida.

Bajo esta óptica, el monopatín eléctrico no es solo un nuevo “problema” para el código de faltas, sino la incorporación de una modalidad de micromovilidad —vehículos livianos para trayectos cortos— que desafía la planificación actual.

El contexto global de la micromovilidad

Desde hace una década, estos dispositivos transformaron el paisaje de las grandes capitales. En Europa, ciudades como París o Barcelona experimentaron una expansión masiva impulsada por sistemas de alquiler digital. Sin embargo, el crecimiento desordenado —circulación por veredas y estacionamiento aleatorio en espacios públicos— derivó en regulaciones estrictas que hoy son estándar internacional:

  • Velocidad máxima: Limitada generalmente a 25 km/h.
  • Espacio de circulación: Prohibición de uso en veredas; obligatoriedad de circular por ciclovías o calles de baja velocidad.
  • Equipamiento: Exigencia de sistemas de frenado, luces y elementos de seguridad.

En Estados Unidos, el concepto se consolidó como la solución para la “movilidad del último kilómetro”, permitiendo conectar de forma eficiente los nodos de transporte público con el destino final del usuario.

La situación en Argentina y el escenario local

En el país, la regulación es fragmentada debido a la ausencia de una ley nacional específica. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires lideró la normativa en 2019, seguida por ciudades como Rosario y Córdoba. En todas ellas, el patrón es similar: se los reconoce como vehículos personales con restricciones de velocidad y prohibición de tránsito peatonal.

En Corrientes, el fenómeno se encuentra en una etapa incipiente pero acelerada. La ciudad presenta condiciones geográficas ideales para este sistema:

  1. Topografía plana: Facilita el desplazamiento sin exigencia física extrema.
  2. Distancias acotadas: El casco histórico y las zonas comerciales permiten recorridos rápidos que no justifican el uso de automóviles.

Propuestas de regulación en curso

Actualmente, se discuten marcos normativos para Corrientes que incluyen:

  • Límite de velocidad de 25 km/h.
  • Edad mínima para la conducción.
  • Uso obligatorio de casco y luces.
  • Prohibición de circular por veredas o rutas nacionales.
  • Restricción de transporte de acompañantes.

Hacia un nuevo modelo de ciudad

La aparición de los monopatines eléctricos sigue un patrón histórico: la innovación tecnológica precede a la norma. Primero surge el uso, luego el conflicto y finalmente la intervención del Estado.

No obstante, regular el monopatín es solo el primer paso. El desafío real para Corrientes es integrar la micromovilidad de forma armónica. Esto implica no solo dictar reglas, sino repensar la infraestructura (más ciclovías y sendas seguras) y fomentar una convivencia vial donde el vehículo motorizado deje de ser el único protagonista. La discusión actual es una oportunidad para definir qué modelo de ciudad se quiere construir para las próximas décadas.

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